08 diciembre, 2009

Pasa el tiempo



El tiempo pasa, los años siguen llegando, y hasta parece que al menos soñado un día el espejo le devuelve una mirada extraña.

Diez años son poco en un niño que acaba de cumplirlos, o muchos para pagar la cuota de un crédito, y sin embargo diez pueden ser un hoy y un ayer en la mitad de la vida de cualquiera.

Hace casi 12 años que me fui de Buenos Aires, en todo este tiempo no he estado más que ocho o doce días seguidos, una vez al año cada tanto.

Nunca sentí la necesidad imperiosa de volver. No extrañaba.

Tenía sí, los afectos en mi corazón, guardados a buen recaudo para que no fueran un ancla en mi rumbo. Allí están, intactos.

Hoy que siento que casi forzosamente estoy aquí de nuevo, encuentro Buenos Aires tan distinta como igual.

Hay edificios nuevos, y barrios que antes no existían. A las caras que inundan la televisión ni siquiera puedo ponerles nombre, y las que recuerdo, ya pintan tantas canas como cirugías. Las calles siguen llenas de ruidos y gente como siempre; a esta ciudad le cuesta mucho dormirse. Todos tenemos algunos achaques que antes ni soñábamos. El olor a tilo de los árboles de los barrios sigue siendo embriagador. Las vecinas siguen hablando en las esquinas, aunque los pibes que no pueden más fumen paco. Las plazas están todas enrejadas. Los hospitales están cada vez más pobres. Los pobres siguen siendo pobres. Los hijos de puta continúan repartiéndose el pastel entre ellos mismos.

Los encuentros son tibios, dudosos, casi como si fuera una primera vez dentro de todo. La gente que antes conocía un poco, aquellos a los que saludaba en el bar, me miran y no me reconocen, dudan, perdieron mi nombre (y yo el suyo) en todos estos años. Algunos me ven mejor, otros, demacrado.

Mis amigos están ahí, ocupado, con sus vidas, sus propios achaques, sus cosas.
Tengo muchos, por suerte. Fieles, cariñosos, de siempre, con los que he vivido cosas muy fuertes, entrañables, de las que unen toda la vida, aunque cada uno tenga sus tiempos más recortados.

Pero los años pasan. El tiempo inexorablemente nos seduce y nos va penetrando lentamente, ronroneando una mentira que llegará un día y se deshará.

Me siento mayor, sin ganas de alborotos. Disfrutando al máximo de la comunicación entre los afectos, esos a los que no hay que explicarles nada. A los que entiendo más allá de las palabras, con una mirada, o simplemente al tomarles la mano.

Quizás disfrute más tomarme un té mirando la Avenida de Mayo, que sumergiéndome al boliche top lleno de extranjeros enfervorisados por la oferta pesos-euros (dolares) que ofrece este país.
Me llenó más seguir el debate en el Congreso, que programar citas en mi agenda.

Pasa el tiempo.

Llegaron los malos días.
Espero que esos malos días, pasen. Lo deseo.

Mientras tanto,vacío mis días de compromisos; uso internet casi adictivamente; paso como puedo mis dolores; disfruto de los que quieren acompañarme; me embobo con la televisión; y espero febrero, que creo será cuando amanezcan los buenos días, nuevamente.

27 noviembre, 2009

Bendito sea yo!



Abajo dejé la incertidumbre, la amistad, la capacidad de asombro, montones de cosas sin sentido, y mucho por recuperar.

Como siempre que subo a un avión me asombro de la cantidad de mala fantasía que tengo en mi mente: que si cae ahora, que será un incendio, que rogar a los dioses amparo y que no sea nada.

Me voy por un rato a casa, mejor dicho a mi otra casa, la de antes, con ideales, utopías, amores, sueños, es decir, normalito nomás.

No puedo sino sentir cierta inquietud hacia lo que viene. Debajo de la nada hay mucho más o casi todo que aceitará mis pretensiones literarias, o así lo espero.

Estoy malo, malito como se dice en España cuando te pones un poco enfermo.

Pero estoy fuerte. No tengo miedo, sólo la acertada precaución de obrar rápido y con certeza. ¡Otras cosas más duras he tenido que sortear! Pero a menudo me cuesta decir que tengo un cáncer.

Cuando me escucho decirlo no sé exactamente si es probable que existe en mí, o si acaso no sea más que una especie de titular en un periódico, un conjunto de palabras en una frase que mañana no será nada. ¿Compredo cabalmente la magnitud del momento?, porque ¡tengo un cáncer!.

Que cobra realidad cruda con el pasar de los días esperando el comienzo del tratamiento, esos días de malestares, dolores, agotamiento. Esos momentos donde necesito, y así lo construyo, un entorno suave, con agradable compañía, buena gente y sobretodo, buenas palabras.

No persigo la total felicidad, la utopía del "todo estará bien porque sí", pero sí, busco la armonía que me deje, al menos, transitar este duro momento con paz y serenidad. Teniendo muy presente, que mucho de lo que resulte será producto directo de mí accionar.

Reafirmo y proclamo, este no es el momento de otros, es mi momento por obra y gracia de mí.

26 noviembre, 2009

Volveré y seré algo más que millones


En breve, brevísimamente volveré a escribir mis pensamientos...y es que ando medio líado de cabeza a los pies.
Pero volveré, seguro.

04 octubre, 2009

Se fue la Negra



Te escuchaba en los viejos cassettes o los pocos discos de pastas en mi adolescencia dictatorial, abochornado de botas militares. En esos Centros Culturales de barrio donde se gestaba todo la bronca, eras nuestra Diosa lejana. Eras la Comunista, la exiliada, la potetente. La Negra.

La Carta nos llenaba de fuerza para luchar, gritábamos Canción con Todos como un mismo puño, y Si se Calla el Cantor no podía ser de otra manera cantada.

Nos manifestábamos con las Madres y vos siempre estabas ahí.

Firmabas una solicitada o apoyabas un Partido y siempre eras discutida. Pero te amábamos.

¿Una Comunista que vive en Barrio Norte? preguntaban los soretes de siempre....y nosotros te bancábamos.

Volviste y cantaste con León, Lerner, Charly, Lebón, Piero, y tantos otros que quisimos que fuera así para siempre.

Nos metiste de lleno el tango en nuestros oidos. Colángelo, Troilo, el Polaco, mezclados con Hilda Fernández, Milton, Yupanqui. Tarragó Ross, Pablo Milanés, y Charly, siempre Charly, protegiéndolo como una Pachamama.

Y llevaste a Alfonsina a los cielos nuevamente, rodeada de María Va, una Violeta Parra joven amada de repente por Victor otra vez.

Como una Pájaro Libre, Gracias a la Vida, Todo Cambia, María María, Años, Sólo le Pido a Dios, Los Mareados, Los Hermanos, ¡Cuánta poesía en tu voz!

Después los Años te llenaron de contradicciones, ¿Quién nos las tiene? ¡Pero que carajo, por algo somos humanos!.

Pero como siempre te bancamos.

Aún debilitada, con poca voz, cansada de tantos años de trote y galope.

Nos dejaste tu último legado, Cantora. Que pena que no versionaste en él Gracias a la Vida...de todos modos siempre serás la voz de esa canción maravillosa.

Gracias a la Vida que nos ha dado tanto...y nos dió a la Negra Mercedes Sosa.


20 septiembre, 2009

Tiempo



En medio de un suave temporal con dulces descargas eléctricas y aureos aguaceros.

De un lado me atacan las molestas dudas, los porqué, los no se, los quizá; y por el otro me inundan los sueños, las fantasías, la utopía, tus "te quiero", tu voz.

El futuro que se aleja pero de sólo esperarlo me agobia, más negro o blanco debería ser para lograr verlo con claridad -este estado alfa tranquiliza mi mente pero incierta al alma-.

Ahora me toca jugar con claridad las cartas.

No será este el momento de hace años cuando rifábamos porque sí los deseos.

Ha pasado mucho tiempo y con él las lecciones se han acumulado, materias gigantes de las más duras teorías, feroces enseñanzas de dolor y pesar.

Ya no.

Ahora será para disfrutar y ser feliz...si no, no será.

Sin embargo hoy, sin tu voz y tu sonrisa de cerquita, trocaría miles de días de ser por la inconsciencia del éxtasis...ya.
¿Será que habrá que volver a pensar en lo imposible?

17 septiembre, 2009

Más

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15 septiembre, 2009

Como ayer, casi.



Como si de una novela se tratase: doce años han pasado y parece que fue ayer.

El ayer de llorar y amar que es como el presente o quizás el mañana.

Porque nada puede garantizar -ni siquiera nuestra voluntad- un futuro de gloria.

Recuerdos gratos e ingratos que perdonamos, la gracia de tu sonrisa me los regaló.

Hubiera corrido el mar hasta alcanzarte, abrazarte, besarte, y hablar, tanto o más que antes, borrando por un momento la huella para abrir de inmediato un nuevo camino.

Pero compañero, los años no pasan en vano, ni en vano han sido las enseñanzas, ni la distancia que siempre acierta y nos marcó a fuego, ni las pérdidas que nos hicieron más humanos, si cabe.

Habrase visto insolencia el mirarnos como ayer!

Pero que bueno fue reirnos de nosotros -imperfectos-, acunando en el rincón de la elegancia los sueños que empezamos hace tanto.

Encadenados como antes a un simple sueño, luchamos juntos por alcanzar la libertad...y eso parece.

Si pudiera decir algo más, sería gracias, y podría agregar también, hasta pronto.

03 septiembre, 2009

Cuarenta y cuatro



Me alcanzó para llegar, y llegar a más.

Ni la fiebre ni el dolor pudo opacar otro feliz día.

Abismos?, los hay. Pero no hoy.

Ni mañana.

Quizás pasado...pero ya pasará.

Como todo.

30 agosto, 2009

Esperando


...a que retorne la primavera que se acaba de ir;
que vuelva más hermosa, luciente y fresca, con flores amarillas y verdes y rojas...y blancas también;
que llueva poco pero moje mucho;
que sean largas las noches de muchos cielos y muchas estrellas;
que me apagues las velas con tus susurros;
que llegues pronto, como antes, a mi cama.

16 agosto, 2009

¿Un lío?



Un día normal, otro.

Hola despertador.
Mientras me baño me miro al espejo de la pared de la ducha, sonrío, a veces. Debería tomar más en serio el tema de las bolsas de los ojos, y exfoliarme más a menudo la piel.
Me afeito y espero que el agua se lleve todo el jabón. Apunto mentalmente: echarme crema en la cabeza.

Camino despacio, dormido, las calles hasta la estación del tren que me llevará obediente, cotidiano, neutral, hacia el trabajo.

Pierdo mis ojos en un árbol, la casa con los balcones azules, el viejo hotel medio reducido a nada, los carteles de la fábrica de muebles.
Van mis pensamientos al ritmo del vagón, me llaman las puertas que cierran y abren, el viejo de bigotes que escupe, la flaca tetona que huele, el pendejo de pantalones caidos.

Espero llegar sin pensarlo. Llego siempre de todos modos.

Acaso el café sea acá o allá.

La camiseta puede no estar bien planchada.

Me alejo.

Me acerco a tus ojos. A esa sonrisa que no engaña pero duele.

Me siento más pobre que antes, sin ti, y fuerte, más que antes, necesariamente.

Llegamos de pronto, golpeamos, huímos, sin más.

Nuevamente.

¿Nuevamente?.

No se cómo eres, ni eras.

Un poco de sal de mar me ahoga la garganta, quemando la lengua, cegando los ojos te tanto llorar, meándome de miedo, temblando de apenas.

No soy frágil.

No caigo simplemente.

Ha pasado tanto tiempo de silencio que tu voz es lejana.

Me dices gracias por buscarte.

Estaba buscandome a mí, y te encontré.

Ahora.